
A las 3 y 22 de este sábado 27 de febrero, yo estaba despierta en casa, lúcida y orgullosa como suelo estar cuando me toca defenderme. Porque me defendía a esas horas, en medio de una discusión con el hombre que elegí para que acompañe mi vida.
Era de esas tensiones que dejan de importar en cuanto uno toma un metro de distancia y comprende el despropósito de seguir rondándole a las diferencias. Había que calmarse y dormir, pero no era sencillo. En un sentido totalmente opuesto al necesario, sentí que se me agarrotaban los músculos del cuerpo y comencé a llorar como quien sufre una desgracia. El llanto llevó de pronto a la histeria y tuve impulsos de salir corriendo de la casa para perderme en la noche, oscura.
Uno escribe y no sabe para qué. “Sirve para apaciguar”, me dije y pude relatar lo siguiente: “Tengo miedo… Se me puso el cuerpo de una forma rara. No puedo controlarme… No puedo parar de sentir que se me salta el corazón, que me doblo, que me quiebro, me caigo. Estoy muy cansada. Siento una terrible pena. Me veo tan pequeña. Más que otras veces, porque he recorrido mucho camino y me han pasado cosas, pero sigo en el mismo punto de siempre. Sigo siendo un pollo… No quiero que me echen de mi casa… Tengo miedo… Siento que me quiebro, me caigo, me doblo…”
Después me metí a la ducha y dejé que el agua fría congelara mi cabeza.
En la cama, esperaba que el tiempo corriera una carrera, rápida y sin baches, cuando sentimos un ruidito. La lámpara del techo de nuestro cuarto, en un edificio de Buenos Aires, a miles de kilómetros de Cauquenes, se dejó mecer por mi tierra. Sonó un chirrido de fierro mal aceitado al rozarse con otro. Prendimos la luz y alcanzamos a ver su vaivén de péndulo.
Y por más que le hacía empeño, mis lágrimas seguían brotando y el miedo me fragmentaba.
¿Será cierto eso de la energía y de que todos somos un solo universo que se agita?. Porque a esa hora mi Cauquenes se estremecía y los gritos de su gente interrumpieron la noche. La angustia se lanzó a la calle.
Esta mañana, Chile despertó desconcertado y asustado por una tragedia verdadera. De esas que nadie espera y cambian todos los planes. Tragedias que doblegan y obligan a preguntarse… ¿qué hago?...
¿Qué haremos en Chile, ahora?. ¿Habrá que preguntarse si tiene sentido que el mundo se sacuda y se derrumbe?. ¿Porqué se ensañó con Cauquenes y las costas del Maule?.
Si en este región no le hacemos daño a nadie. .
Chile amaneció perplejo y las imágenes de la tele parecen ficción. Siento que, si bien el planeta puede temblar y zozobrar, ese asunto le incumbe a otros. Pero, en este caso, tuve que gritar al enterarme que el epicentro del terremoto es el mío. Es el centro de mi existencia: mi familia y mi tierra.
Siendo las 17:00 hs. pm, intento comunicarme con ellos y no lo consigo. Las líneas se encuentran cortadas, en pleno colapso. Remotas voces añejas me traen noticias de que mis padres y hermanos están bien, en pie. Y agradezco al Cielo.Nadie publica datos e imágenes de mi ciudad. Los medios son portavoces de las grandes urbes, con sus irónicos edificios antisísmicos.
Pero estoy en paz, pues las tragedias se sufren, se aceptan. Ante la catástrofe se agacha la cabeza y se espera paciente que la naturaleza y su energía poderosa armonice, controle, ordene.
Esa paz, que presiento divina, surge de un sueño que tuve anteanoche…
…Una vieja más vieja que el roble instaló su silla en la playa para mojarse los pies. Frente al mar, desafiaba el oleaje, fuerte y amenazante de Pelluhue.
-“Abuelita” - le digo, porque esa vieja es mi abuela muerta que a veces se me aparece. Ella ni me mira, y sigue silenciosa la línea del horizonte.
-“Véngase para acá”- le pido, indicándole unos metros hacia la montaña. Ella no obedece y me exige:
-“Déjame aquí” - mientras la espuma blanca del Pacífico la moja y se confunde con la arena. “Déjame aquí”, decía mi abuela sentada, su cuerpo firme como un escudo frente al mar agitado, amortiguando los golpes, para que no nos pase nada.
Por: María Elizabeth Cancino
Periodista y Licenciada en
Comunicacion Social
Ilustración: Hans Garrino
(Desde B.A. Argentina)
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